IMAGINE DRAGONS

Sacando los demonios afuera con Imagine Dragons

“La única forma de remover su estigma… es hablando sobre ello” decía Dan Reynolds, refiriéndose a la depresión y la ansiedad, antes de proceder a cantar “Demons”. Dicha frase encapsuló en pocas palabras el espíritu de la propuesta de la banda de Las Vegas, en una noche donde el clima mismo pareció querer purificar bajo agua los demonios que persiguen a una generación afligida por estos males ocultos de los que nadie se anima a hablar.

El show arrancó puntualmente con la desgarrante confesión de “I Don’t Know Why”, cuyo aire casi siniestro quedaría ahogado bajo el optimismo ­­­ –y la lluvia– que vendría más tarde. Inmediatamente lo siguió el popular “Believer”, encendiendo el furor del público ya de entrada y anticipando lo que sería un concierto de hit tras hit.

Remontando atrás en el tiempo a su primer LP con “It’s Time” (Night Visions, 2012), que habla sobre la esperanza de no cambiar la esencia de uno tras el éxito y la fama, Dan continúa luego la historia con la desilusión de “Gold” (Smoke + Mirrors, 2015), una alusión a la maldición enmascarada como bendición que recibe el Rey Midas con su “toque de oro”. “Who can you trust?” se pregunta. Con la fama y la fortuna también llegan los amigos falsos, los familiares interesados y los sentimientos de soledad. Más tarde Dan mismo confiesa que fue una etapa muy oscura en su vida, implicando incluso que llegó a tener ideaciones suicidas. Los dos temas no solo se siguen en orden cronológico sino también en orden narrativo en la lucha personal del artista, evidenciando que estamos frente a un setlist cuidadosamente pensado y calculado. “Gold” representa entonces el nudo en esta historia que quieren contar.

El gran acierto de la visión del líder del cuarteto –y quizás la clave de su gran éxito– es haber comprendido que la lucha personal del artista puede también ser parte del contenido y el manifiesto artístico de un proyecto musical. De ser bien logrado, puede dar trasfondo, contexto, y más significado a la música. Y sí que lo lograron, pues millones de personas alrededor del mundo se sienten identificadas y tocadas por su mensaje, más allá de disfrutar sus pegadizas melodías y divertidas percusiones. Después de todo, el fin del arte es expresar y crear emoción. ¿Qué obliga al artista a limitarse a un solo medio para hacerlo? ¿Por qué no utilizar todo a su disposición para llegar a los corazones de quienes lo escuchan?

Entre más temas de su nuevo disco Evolve, Imagine Dragons nos sorprendió con un cover de “Creep” de Radiohead, cuya abierta angustia existencial quedó como anillo al dedo dentro de la narrativa y el espíritu del show. En contraste lo siguieron los alegres “Mouth of the River”, “Yesterday”, y “Start Over”, antes de entrar a lo que sería el foco temático central de la jornada: “Demons” y el sentimental discurso previo de Dan.

Mientras que el pop busco siempre ser un efímero escape de los demonios de cada generación, Imagine Dragons propone que no se puede escapar de ellos, sino que debemos reconocerlos, enfrentarlos y ponerlos a simple vista. “No me definen, pero tampoco los escondo, sino que los comparto… ¡Debemos compartirlo!”, decía Dan, con el pecho al aire como queriendo simbolizar físicamente su intención de abrirse emocionalmente sin nada que esconder ante la multitud que lo oía. Al final se dignó incluso a atender y mencionar el cartel de una chica del público que decía “You saved my life!”, concluyendo que “ustedes, esto, esta música, salvaron la mía… así que gracias a ustedes”, ante la ovación de las miles de personas que asistieron a esta especial noche lluviosa. Una que de seguro muchos de ellos nunca olvidarán; y mucho menos la chica del cartel, quien habrá tenido la noche de su vida.

El mensaje de Imagine Dragons es bien simple, claro y conciso. También lo es su música, y la manera de tocar de sus integrantes. Con un estilo limpio y preciso pero con mucho ímpetu, el guitarrista Wayne Sermon, el bajista/multiinstrumentista Ben McKee y el baterista Daniel Platzman pusieron en evidencia su experimentada formación musical. Lejos de ser amateurs, los tres músicos son ex alumnos de la Escuela de Música de Berklee, donde tocaban juntos en el ensamble de jazz “The Eclectic Electric”.

Cerraron el memorable espectáculo con los mega hits de “Thunder” y “Radioactive”, entre otros.

Tenemos aquí un pop nacido de la fusión entre el rock y la música electrónica, del contraste entre la angustia y el optimismo. Su pop rock se nutre tanto del ligero júbilo del pop, como de la rebelde confrontación del rock. La alianza entre el carisma y visión artística del frontman, más el virtuosismo y la energía de los músicos, resultó en un sonido gigante y sin fronteras; accesible y universal sin sacrificar la honestidad. Sus coros son como sinceros himnos rugidos hacia el cielo, el cual no tardó en responder con su propia expresión de húmedo lamento por una generación que disimula sus penas detrás del desapego y la ironía. Un interesantísimo proyecto cuyo mensaje enfrenta de una manera simple (pop) y directa (rock) los problemas del espíritu de nuestros tiempos. Una celebración de la unión que tenemos todos en enfrentar los mismos demonios que sin embargo se manifiestan de manera única en cada uno de nosotros. No es sorpresa alguna entonces que nazca de ésta generación una banda como Imagine Dragons.




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