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Interpol reafirma su elegancia oscura en Asunciónico 2026

La banda neoyorquina se presentó por cuarta vez en nuestro país con un contundente concierto, repasando más de dos décadas de carrera musical.

En la primera jornada del Asuncionico 2026, Interpol se adueñó del escenario principal en un contexto casi perfecto: un cielo nublado que caía lentamente sobre la tarde y un público expectante que acompañó desde el inicio. La atmósfera, densa y oscura, parecía diseñada a medida de la estética del grupo.

Con una presentación de poco más de una hora, el trío liderado por Paul Banks apostó por la precisión antes que por la grandilocuencia. Sin pausas innecesarias, el repertorio recorrió los momentos más representativos de su discografía, consolidada desde su debut en 2002 con aquel “Turn On the Bright Lights”, que marcó a toda una generación y que sigue ocupando un lugar privilegiado en la historia del indie rock.

La formación actual – con Paul Banks en voz y guitarra, Daniel Kessler en guitarra y Sam Fogarino habitualmente en batería – se vio parcialmente modificada en esta gira. Debido a problemas de salud, Fogarino fue reemplazado por Urian Hackney, quien asumió el rol con solvencia y precisión. En vivo, la el grupo se completa con Brad Truax en bajo y Brandon Curtis en teclados, aportando profundidad al característico sonido del grupo.

El inicio con “All the Rage Back Home” marcó el pulso de la noche. Aunque la voz de Banks necesitó algunos minutos para asentarse, pronto encontró su mejor forma y se mantuvo firme a lo largo del set. Cálido en sus intervenciones, el vocalista se dirigió al público en un correcto y mexicanizado español, manteniendo una íntima conexión con los presentes.

Fiel a su identidad, Interpol evitó excesos visuales. Vestuario oscuro, luces sobrias y una bola de disco bastaron para acompañar una propuesta donde la música sigue siendo el eje central. El repertorio recorrió casi toda su discografía, aunque con más destaque para “Antics”, su trabajo del 2004.

Los momentos más celebrados se hicieron sentir especialmente en “Obstacle 1”, seguido por “Evil” (impecable Truax), de su primer y segundo disco respectivamente, además de la infaltable “Slow Hands”. Para el cierre, la banda eligió dos piezas fundamentales de su debut: “Roland” y “PDA”, sellando una presentación sin fisuras.

Sin estridencias ni concesiones, Interpol volvió a demostrar por qué su propuesta sigue vigente: una combinación de elegancia, melancolía y penetrantes riffs post punk de gran tensión sonora que mantiene intacto su vínculo con el público paraguayo.

Ojalá vuelvan pronto.




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